Hay municipios que luchan contra la sequía y municipios que luchan contra el agua. Villa Riva pertenece a los segundos: su territorio es una llanura baja y fértil creada por los sedimentos del río Yuna, surcada por caños, cañadas y lagunas, y vecina de los humedales del Gran Estero. Esa agua que lo fertiliza todo lo inunda periódicamente casi todo. Entender el municipio exige entender su drenaje —y el papel del organismo encargado de las aguas del país: el INDRHI—.
1. Por qué se inunda el Bajo Yuna
El río Yuna nace en la cordillera Central, recoge las aguas de medio Cibao oriental y desciende hasta una llanura de desembocadura donde su pendiente casi desaparece. Cuando las lluvias de la temporada ciclónica o de los frentes fríos cargan la cuenca, el río y sus afluentes —entre ellos el Camú por el norte— se desbordan sobre las vegas de Villa Riva, Arenoso y los distritos bajos, buscando su salida natural hacia la bahía de Samaná a través de los caños del Gran Estero.
A la geología se sumó la historia: la deforestación de la cuenca alta aceleró las crecidas; la construcción de barrios y caminos sobre terrenos inundables puso población en el camino del agua; y la sedimentación y la vegetación fueron colmatando caños y cañadas que antes drenaban las comunidades. El resultado es conocido por todo villarivense: calles convertidas en ríos, cosechas de arroz y plátano bajo el agua, caminos vecinales cortados y familias evacuadas a las partes altas, en un ciclo que se repite con cada temporada fuerte de lluvias.
2. Qué es el INDRHI y qué hace en la zona
El Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INDRHI) es el organismo del Estado dominicano encargado del agua superficial: creado por la Ley 5852 de 1962 y reorganizado en 1965, administra los sistemas de riego del país, estudia las cuencas y ejecuta obras hidráulicas. En el Bajo Yuna, su jurisdicción es central: los distritos de riego que alimentan las arroceras, los canales y drenes que evacúan las vegas y las obras de protección de las riberas dependen de su planificación o de su participación técnica.
El trabajo típico del organismo en zonas como esta combina tres frentes: la limpieza y rectificación de caños y cañadas para que el agua vuelva a correr; el mantenimiento de canales de riego y de drenaje de las áreas arroceras, que son las dos caras de la misma moneda —traer agua en sequía y sacarla en crecida—; y las obras de encauzamiento y protección marginal en los tramos donde el río amenaza comunidades e infraestructura. Las juntas de regantes, organizaciones de los propios productores, administran localmente buena parte del sistema de riego construido por el Estado.
3. Las obras de drenaje en las comunidades
En los últimos años, las intervenciones de drenaje en el municipio —ejecutadas por el INDRHI, por el ayuntamiento o por combinación de instituciones— han seguido el patrón que la comunidad reclama desde hace décadas: dragado y limpieza de los caños que atraviesan o bordean los barrios y distritos, construcción de alcantarillas y badenes en los caminos vecinales, y encauzamiento de las cañadas que bajan cargadas en cada aguacero. Cada obra de estas es, para el vecindario, una diferencia concreta: la calle que dejó de anegarse, la escuela a la que ya se puede llegar en temporada de lluvias, la cosecha que se salvó porque el dren corrió a tiempo.
La experiencia acumulada enseña también sus límites: una obra de drenaje sin mantenimiento se colmata en pocas temporadas; un caño limpiado en un tramo y abandonado en el siguiente traslada la inundación al vecino; y ningún sistema de drenaje sustituye la planificación de dónde se construye. Por eso las propias comunidades, a través de sus juntas de vecinos, se han convertido en vigilantes permanentes de estas obras: saben que el agua, en el Bajo Yuna, siempre vuelve a examinar el trabajo.
4. Convivir con el río: la lección del Bajo Yuna
La historia larga de Villa Riva es la de una negociación con el agua. El mismo río que inunda es el que deposita los sedimentos que hacen fértiles las vegas, el que alimenta los canales de riego del arroz y el que sostuvo durante siglos la comunicación y el comercio de la comarca. Los ingenieros lo llaman gestión de cuenca; los viejos del lugar lo dicen más corto: «El Yuna no es enemigo de nadie: es dueño de lo suyo».
Las soluciones duraderas pasan por la combinación que la propia historia sugiere: obras de drenaje mantenidas, protección de la cuenca alta, respeto de los cauces y zonas inundables en la planificación urbana y comunidades organizadas que vigilen cada tramo. En esa combinación, el INDRHI pone la técnica y la maquinaria; el municipio, la gestión local; y los vecinos, lo más importante: la memoria de por dónde pasa el agua.