De todas las ciudades que los europeos fundaron en América, solo una puede decir que fue la primera que sobrevivió. Santo Domingo, levantada a orillas del río Ozama, no solo es la población europea más antigua del continente que ha permanecido habitada sin interrupción: durante las primeras décadas del siglo XVI fue la capital desde la que se organizó la conquista de medio hemisferio, el puerto del que salieron Cortés, Pizarro, Balboa y Ponce de León, y el escaparate donde España ensayó cómo se construía una ciudad en el mundo nuevo.
1. Fundación y traslado: la ciudad nace dos veces
La primera fundación la realizó Bartolomé Colón, hermano del almirante y adelantado de La Española, hacia 1496, en la margen oriental del río Ozama, frente al puerto natural. El poblado recibió el nombre de Santo Domingo de Guzmán, en honor, según la tradición, al santo cuya fiesta se celebraba aquellos días o al padre de los Colón, Domenico. En 1502, un huracán devastó la población y arrasó la flota que partía hacia España. El nuevo gobernador, Nicolás de Ovando, decidió entonces trasladar la ciudad a la margen occidental del río, sobre una meseta rocosa más protegida, donde permanece hoy.
Ovando trazó la ciudad con un plano ordenado de calles en cuadrícula —la actual calle Las Damas es una de las vías urbanas más antiguas de América— y en pocos años se levantó el núcleo monumental que todavía impresiona: murallas, fortaleza, iglesias, conventos y las casas de los principales funcionarios. El historiador Oviedo, que vivió en ella, la comparaba favorablemente con ciudades de la propia España.
2. La ciudad de las primicias
La lista de «primeros» de Santo Domingo es asombrosa. Aquí se levantó la primera catedral de América, la Catedral Primada de Santa María de la Encarnación, cuya construcción comenzó en la segunda década del siglo XVI y fue consagrada en 1541, sede del primer arzobispado del continente. Aquí funcionó el primer hospital, el de San Nicolás de Bari, fundado en 1503. Aquí se creó la primera Real Audiencia del Nuevo Mundo en 1511, tribunal supremo con jurisdicción sobre todas las Indias. Y aquí nació la primera universidad americana, la de Santo Tomás de Aquino, autorizada por bula papal de Paulo III en 1538 y heredera del convento de los dominicos.
A estas instituciones se sumaban la Fortaleza Ozama (1502), la fortificación europea más antigua de América; el Alcázar de Colón, residencia del virrey Diego Colón; las Atarazanas Reales, astilleros y aduana del puerto; y la primera casa de moneda y los primeros ingenios de los alrededores. La ciudad era, entre 1510 y 1540, el centro administrativo, judicial y logístico de un imperio en expansión: desde el Ozama se gobernaban Cuba, Puerto Rico, Venezuela y las expediciones a México y al Perú.
3. Decadencia: cuando el imperio miró a otra parte
La paradoja es que la propia expansión condenó a la ciudad. A medida que se conquistaban territorios ricos en plata y oro —México en 1521, Perú en los años 1530—, el interés de la Corona y de los colonos se desplazó hacia el continente, y Santo Domingo quedó convertida en una escala cada vez más pobre de las flotas. El comercio se restringió por el monopolio y el sistema de flotas, el azúcar perdió impulso inicial, y la población emigró hacia las nuevas tierras de promisión.
El golpe simbólico llegó en 1586, cuando el corsario inglés Francis Drake ocupó la ciudad durante un mes, saqueó sus iglesias y casas, quemó parte del caserío y exigió un rescate cuantioso para no destruirla por completo. La «primera ciudad de América» se reveló indefensa. Desde entonces, y durante todo el siglo XVII, Santo Domingo vivió una larga decadencia de despoblación y pobreza, la llamada época de la «España Boba» tendría luego su propio capítulo en el XIX, en la que la capital de las Indias quedó reducida a una sombra de lo que había sido.
4. El legado: la Zona Colonial
Lo que sobrevivió es hoy el casco histórico más antiguo de América: unas 32 manzanas de calles empedradas con más de 300 edificaciones coloniales entre iglesias, fortalezas, palacios y casas particulares. En 1990, la UNESCO declaró la Zona Colonial Patrimonio de la Humanidad, reconociendo que allí se conserva el primer trazado urbano europeo del continente y el modelo —damero, plaza mayor, catedral, cabildo— que luego se repitió de México a Buenos Aires y se codificó en las Leyes de Indias de 1573.
La ciudad cumplió cinco siglos de habitación continua en 1996 (o 1998, según se cuente desde la fundación original o desde el traslado de Ovando, un debate que los propios historiadores mantienen abierto con honestidad). Lo esencial no es el año exacto: es que ninguna otra ciudad europea de América puede exhibir una continuidad semejante desde el siglo XV hasta hoy.