La historia se lee en los libros, pero se entiende mejor caminándola. La República Dominicana conserva un conjunto de lugares donde ocurrieron los hechos que cuentan los otros 23 artículos de este sitio, y casi todos están a pocos minutos unos de otros en la Zona Colonial de Santo Domingo. Estos son cinco sitios imprescindibles, con lo que hay que saber antes de visitarlos.
1. El Alcázar de Colón: la casa del virrey
En la Plaza de España de la Zona Colonial se levanta el Alcázar de Colón, el palacio construido entre 1510 y 1514 para Diego Colón, hijo del almirante y virrey de las Indias, y su esposa María de Toledo. Levantado con piedra coralina por canteros y trabajadores indígenas, fue la residencia virreinal más importante del primer imperio americano: de sus salones salieron las órdenes que organizaron las expediciones a Cuba, México y el continente, y en ellos se fraguaron las intrigas entre la familia Colón y la Corona que terminaron con los pleitos colombinos.
Abandonado y saqueado a lo largo de los siglos —Drake se llevó lo que pudo en 1586—, el edificio fue restaurado en el siglo XX y convertido en el Museo Alcázar de Colón, que exhibe mobiliario, tapices, armas y artesonados de época colonial y renacentista. Es la residencia europea más antigua conservada de América y la mejor manera de imaginar cómo vivía el poder en la primera capital del Nuevo Mundo.
2. Fortaleza Ozama y Puerta del Conde: la muralla y la proclama
La Fortaleza Ozama, iniciada en 1502, es la construcción militar europea más antigua de América que se conserva. Su Torre del Homenaje, de piedra imponente, vigiló el puerto del Ozama durante siglos y el recinto sirvió luego de cárcel política —en sus celdas pasaron opositores de todos los regímenes, incluido Juan Pablo Duarte en 1844—. Hoy forma parte del conjunto monumental de la Zona Colonial, Patrimonio Mundial de la UNESCO.
A unas calles, la Puerta del Conde era un baluarte de la muralla —el bastión de San Genaro, asociado al conde de Peñalva, gobernador del siglo XVII— que la historia convirtió en otra cosa: allí disparó Mella su trabucazo y allí se izó la primera bandera el 27 de febrero de 1844. La puerta es hoy la entrada al Parque Independencia, en cuyo centro se alza el Altar de la Patria.
3. El Panteón de la Patria: la casa de los héroes
En la calle Las Damas, en una antigua iglesia de la Compañía de Jesús construida en el siglo XVIII, se encuentra el Panteón de la Patria, el mausoleo nacional dominicano. El templo jesuita tuvo usos diversos —almacén, teatro, oficinas— hasta que en 1956 el régimen de Trujillo lo destinó a panteón de héroes, función que conserva. Bajo su cúpula, con una llama votiva permanente y una guardia de honor, reposan en nichos de mármol decenas de próceres, militares, escritores y educadores que el Estado ha considerado dignos de la memoria nacional, de restauradores a presidentas del Congreso.
Junto a él, en el Parque Independencia, el Altar de la Patria —inaugurado en 1976— guarda en un mausoleo de mármol blanco los restos de los tres grandes de febrero: Duarte, Sánchez y Mella, trasladados allí solemnemente. El contraste entre ambos espacios enseña una lección de memoria histórica: el Panteón reúne a la nación plural; el Altar concentra el mito fundacional.
4. El Faro a Colón: el monumento del Quinto Centenario
Al otro lado del río Ozama, en Santo Domingo Este, se alza el Faro a Colón, el monumento más polémico y monumental del país. El proyecto de un faro continental en forma de cruz, que proyectara su luz sobre el Atlántico, se discutió desde el siglo XIX, fue objeto de un concurso internacional en los años 30 —ganado por el arquitecto británico J. L. Gleave— y se construyó por fin para el Quinto Centenario de 1992, inaugurado el 6 de octubre de ese año. La estructura, de más de 200 metros de largo en forma de cruz acostada, alberga un museo con exposiciones de los países americanos y una capilla con el mausoleo que guarda los restos atribuidos a Cristóbal Colón, cuya autenticidad Sevilla y Santo Domingo se disputan desde el siglo XIX.
El Faro resume, con sus luces y sus sombras —costos, desalojos de barrios humildes para su construcción, debates sobre su mantenimiento—, la relación dominicana con 1492: conmemoración y controversia a la vez. Visitarlo junto al Alcázar y la Catedral permite cerrar el círculo: del primer palacio del imperio al monumento que, quinientos años después, sigue discutiendo su significado.