El 16 de agosto de 1978, Joaquín Balaguer le entregó la banda presidencial a Antonio Guzmán Fernández en una ceremonia que ningún dominicano vivo había presenciado: por primera vez en casi medio siglo, el poder cambiaba de manos entre un presidente saliente y un opositor elegido en las urnas. Ese día cambió la regla fundamental: desde entonces, pese a crisis, fraudes denunciados y regresos sorprendentes, ningún gobierno dominicano ha llegado al poder por otro camino que el voto. Esta es la historia de cómo se construyó esa regla, entre 1978 y 2000.
1. 1978: el punto de partida
Antonio Guzmán, ganadero y dirigente del PRD, ganó las elecciones del 16 de mayo de 1978 después de que el conteo se detuviera en la madrugada del 17 —la «falla histórica»— y de que la presión internacional, encabezada por el gobierno de Jimmy Carter, y la movilización interna obligaran a reanudarlo. Su gobierno empezó con dos gestos de ruptura: una amnistía que liberó a cientos de presos políticos y permitió el regreso de decenas de exiliados, y la despolitización de las Fuerzas Armadas y la Policía, que durante los doce años anteriores habían sido instrumentos del presidente de turno. La oposición dejó de ser un riesgo para la vida y pasó a ser, simplemente, oposición.
Guzmán, sin embargo, no completó su mandato: el 4 de julio de 1982, semanas antes de entregar el poder, se suicidó en el Palacio Nacional en medio de denuncias de corrupción que alcanzaban a su entorno familiar. Lo sucedió 43 días su vicepresidente, Jacobo Majluta, hasta la posesión del gobierno ya elegido en mayo: el de Salvador Jorge Blanco, también del PRD. La tragedia no quebró el proceso: por segunda vez consecutiva, el relevo se resolvió dentro de la Constitución.
2. Los gobiernos del PRD: democracia política, crisis económica
Salvador Jorge Blanco (1982-1986) gobernó respetando las libertades públicas, pero heredó una economía en problemas: azúcar en caída, deuda creciente y reservas agotadas. En 1984, el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y las alzas de precios que lo acompañaron desataron en abril las protestas populares conocidas como «la poblada», reprimidas con un saldo de decenas de muertos. El episodio dejó una lección: la democracia garantizaba votar y opinar, pero no el bienestar, y la calle seguía siendo donde se cobraban las facturas económicas.
El PRD llegó dividido a las elecciones de 1986, y esa división abrió la puerta a un regreso que pocos creían posible: Joaquín Balaguer, con 79 años, volvió a la presidencia derrotando a Jacobo Majluta. El hombre que había entregado el poder en 1978 lo recuperaba ocho años después por la misma vía: las urnas. Fue la prueba de que la transición era real: el sistema ya absorbía el regreso de su antiguo hombre fuerte sin romperse.
3. Balaguer otra vez: 1986, 1990 y 1994
El segundo período de Balaguer (1986-1996) combinó su estilo de siempre —obra pública monumental, control personal del Estado y clientelismo— con un marco nuevo: prensa libre, oposición activa y elecciones competitivas. En 1990 derrotó por estrecho margen a su viejo rival Juan Bosch, fundador del PLD, en comicios cuestionados pero aceptados por el perdedor. En 1994, en cambio, la cuerda se tensó hasta casi romperse.
El 16 de mayo de 1994, Balaguer (PRSC) enfrentó a José Francisco Peña Gómez, líder histórico del PRD. El resultado oficial dio la victoria a Balaguer por apenas unos 22,000 votos, mientras el PRD denunciaba que miles de sus simpatizantes habían quedado fuera del padrón. La crisis amenazó con desbordarse: fraude denunciado, presión internacional y un país que llevaba dieciséis años votando sin interrupciones al borde de la ruptura.
4. El Pacto por la Democracia y la reforma de 1994
La salida fue negociada. El 10 de agosto de 1994, Balaguer y Peña Gómez firmaron en el Palacio Nacional el Pacto por la Democracia: el mandato que comenzaba el 16 de agosto se acortaría a dos años, con nuevas elecciones en 1996 en las que Balaguer no sería candidato por primera vez desde 1966. La Asamblea Nacional convirtió el pacto en reforma constitucional y añadió tres reglas que cambiaron el juego: prohibición de la reelección consecutiva, segunda vuelta si nadie superaba el 50%, y separación de las elecciones presidenciales de las congresuales y municipales. También se creó el Consejo Nacional de la Magistratura. La crisis de 1994, en lugar de quebrar la democracia, la dotó de sus instituciones modernas.
5. 1996: la primera segunda vuelta
Las elecciones del 16 de mayo de 1996 estrenaron las nuevas reglas: Peña Gómez ganó la primera vuelta con alrededor del 45,9%, seguido por Leonel Fernández (PLD) con cerca del 38,9%; el oficialista Jacinto Peynado quedó tercero con un 15%. Para la segunda vuelta del 30 de junio, Balaguer —que no había apoyado a su propio candidato— selló con Bosch el Frente Patriótico y llamó a sus seguidores a respaldar a Fernández. El abogado del PLD, de 42 años, ganó el balotaje con el 51,25% frente al 48,75% de Peña Gómez, que aceptó la derrota. Por tercera vez en dieciocho años, el poder cambiaba de partido sin sobresaltos, bajo reglas escritas después de una crisis.
El gobierno de Fernández (1996-2000) coincidió con un fuerte crecimiento —7,1% en 1998 y 8,3% en 1999, por inversión extranjera y privatizaciones— y con una modernización visible del Estado. Pero el crecimiento no llegó a todos: apagones y costo de la vida alimentaron el descontento, y en 1998 el PRD recuperó la mayoría legislativa. La democracia ya funcionaba también como mecanismo de castigo electoral.
6. 2000: el relevo generacional
La reforma impedía la reelección consecutiva, así que Fernández no pudo presentarse en 2000. El PLD postuló a Danilo Medina; el PRD, a Hipólito Mejía, exministro de Agricultura de Guzmán y Jorge Blanco; y Balaguer, con 93 años, ciego y casi sin poder caminar, anunció en enero que buscaría un octavo mandato. El 16 de mayo, Mejía obtuvo cerca del 49,8%, sin el 50% necesario para evitar el balotaje. Medina, segundo, se retiró de la segunda vuelta y Mejía fue declarado ganador. El 16 de agosto de 2000 asumió la presidencia.
El círculo se cerró casi perfecto: el partido que inauguró la transición en 1978 volvía al poder veintidós años después, y Balaguer —el perdedor de 1978— cerraba su carrera como candidato. Murió en 2002. El país pasó así de un sistema en el que el presidente decidía quién lo sucedía a uno en el que lo decidían los votantes. Esa es la transición: no un día, sino veintidós años de elecciones que, una tras otra, se fueron volviendo irreversibles.